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10 de agosto de 2017

DENTATO Y CAPITOLINO. El inmerecido final que Roma dio a dos de sus mejores militares

DENTATO Y CAPITOLINO. El inmerecido final que Roma dio a dos de sus mejores militares
Hoplitas romanos del siglo IV a.C. perseguidos por los guerreros galos de Brenno
Se aprecia la panoplia tipo griega. Autor Richard Hook
Hoy comienza la colaboración de Federico Romero Díaz creador de Historia y Roma Antigua, una de las mejores páginas de Facebook en este periodo. A lo largo de una serie de artículos nos ira mostrando alguno de los militares y generales más importantes de la Historia de Roma, en alguno de los casos unos verdaderos desconocidos para el gran público.
Desde su mismo origen Roma deberá enfrentarse a sus numerosos vecinos para sobrevivir como ciudad independiente primero, y para poder aumentar su territorio después. Los enfrentamientos con galos, samnitas, latinos, etruscos, umbros, etc…fueron una constante en la historia de la monarquía y de la República romana. Estas guerras con los pueblos más próximos a sus fronteras fueron un perfecto laboratorio que permitió mejorar a la máquina de guerra romana imitando las mejores cualidades de sus contrincantes y adaptándose a las diferentes formas de luchar de sus enemigos...

Plinio el Viejo, historiador
Autor: Cesare Cantù,1859
Cuando una sociedad se ve obligada a estar envuelta en un enfrentamiento exterior permanente acaba acentuando los aspectos militares de su estructura cívica.  Los cónsules de la República romana debían ante todo ser buenos generales que supieran llevar a su ejército de ciudadanos a la victoria. Los méritos militares, las hazañas en el campo de batalla, las condecoraciones y honores que por acciones de guerra se podrán exhibir públicamente. También serán muy importantes en la vida social y política de cualquier ciudadano romano. Por ejemplo, según nos cuenta Plinio el Viejo refiriéndose a los privilegios de los que gozaban los poseedores de una corona cívica:
“Cuando el galardonado se presenta en los juegos públicos, es costumbre, incluso por parte del Senado, levantarse siempre ante él, que tiene derecho a sentarse cerca de los senadores; el mismo, su padre y su abuelo paterno gozan de la exención de todas las obligaciones”.
La sociedad romana, en guerra casi continua premiaba y enaltecía a sus héroes militares de diversas maneras. Además de distinciones y honores, y premios en metálico, los grandes militares romanos tenían el privilegio de permanecer en el imaginario colectivo de sus conciudadanos. Los padres citaban las historias de estos soldados a sus hijos, pasando a ser un modelo a imitar. Gracias a esta presencia en los relatos tradicionales, los historiadores romanos, en muchos casos siglos después, pudieron recogerlos de la tradición oral y trasmitirnos sus hazañas en el campo de batalla.
En este primer artículo trataremos las figuras de Lucio Sicio Dentato, y de Marco Manlio Capitolino. Los he agrupado en este artículo porque ambas figuras, que no fueron contemporáneas tienen varios puntos en común.  Ambos fueron grandes militares y políticos; los dos defendieron la causa de los plebeyos frente a los aristócratas, y los dos encontraron un final que, desde luego, dada su trayectoria nunca se merecieron.
Lucio Sicio Dentato, (514 a. C, al 450 a.C?): su sobrenombre significa nacido con dientes. Fue un extraordinario soldado, al que se le atribuyen unos 300 soldados enemigos abatidos. Era conocido por los historiadores posteriores como “el Aquiles romano”. Nos cuenta Plinio lo siguiente:
DENTATO Y CAPITOLINO. El inmerecido final que Roma dio a dos de sus mejores militares
Dentato rechaza los regalos de los samnitas.
Jacopo Amigoni -Museo Bredius, La Haya

“Lucio Sicio Dentato, que fue tribuno de la plebe siendo cónsules Espurio Tarpeyo y Aulo Aternio, no mucho después de la expulsión de los reyes, ostenta sin duda el mayor número de votos por haber combatido en ciento veinte ocasiones, salir ocho veces vencedor de un desafío, y ser famoso por tener cuarenta y cinco cicatrices, todas delante, ninguna en la espalda…”.

A continuación, nos habla de los muchos premios obtenidos por su valor en batalla y nos cuenta que tiene:
“veintiséis coronas, entre ellas catorce cívicas, ocho de oro, tres murales y una obsidional, 160 brazaletes de oro, 18 lanzas puras y 25 guirnaldas”
La corona gramínea, también conocida como obsidional, otorgada por la salvación de un ejército romano y después la corona cívica, concedida por salvar a un ciudadano romano, eran por ese orden las dos máximas condecoraciones que un romano podría disfrutar nunca. De hecho, no hay constancia de que más de nueve personas a lo largo de la larga historia romana disfrutaran de la corona gramínea. Las coronas de oro se concedían por matar a un enemigo en combate singular sin ceder terreno hasta el final. La corona mural era de muy difícil de obtención, pues se le concedía al primer hombre que escalara la muralla de una ciudad enemiga y que sobreviviera a esa acción. Siendo el primero en llegar a muro lleno de enemigos las probabilidades de subsistir no eran muchas. Analizando el gran número de medallas que atesoraba este hombre no es de extrañar que se le haya apodado como el “Aquiles romano”.
El otro gran militar republicano es Marco Manlio Capitolino. De él nos cuenta Plinio, el viejo lo siguiente:
“No ser menores los honores de Capitolino, si no los hubiera perdido al final de su vida. Había conseguido botín dos veces a los diecisiete años. Fue el primer caballero en recibir una corona mural, seis cívicas, treinta y siete ofrendas, tenía veintitrés cicatrices, todas delante, y había salvado a Publio Servilio, maestre de caballería, estando él mismo herido en un hombro y en un muslo. Por encima de todo, el solo había salvado de los galos el Capitolio y de paso el Estado”.
DENTATO Y CAPITOLINO. El inmerecido final que Roma dio a dos de sus mejores militares
Intento de asalto galo del Capitolio,
Se pueden ver las famosas ocas.
Grabado de Henri Motte
El autor está haciendo referencia al famoso episodio del año 390 a.C. cuando los galos senones, mandados por Brenno, tras derrotar a los romanos en la orilla del río Allia ocuparon Roma. Solo en el Capitolio pudieron resistir los romanos el empuje de los galos que saquearon e incendiaron la ciudad, sitiando a los resistentes del Capitolio durante siete meses. Los galos, a pesar de lo que contaron algunos historiadores posteriores, solo se fueron de Roma tras cobrar un gran rescate en oro. Cuenta la leyenda que en una de las noches de asedio los galos encontraron un camino de acceso al Capitolio y que Marco Manlio que vivía allí, alertado por los gansos, asustados por los intrusos, acudió allí con todos los hombres que pudo reunir y expulsó a los galos que no pudieron acabar con ese foco de resistencia romana. También nos cuenta la leyenda que por esta hazaña recibió el sobrenombre de Capitolino. La realidad parece ser distinta ya que el sobrenombre de “Capitolino” ya era ostentado por su familia con anterioridad.
Además de dos carreras militares y políticas excelentes Dentato y Capitolino tuvieron otra cosa en común que hará que tengan un trágico final:
Dentato, de origen plebeyo y brillante carrera político-militar fue un firme defensor del pueblo frente a los patricios. Desde su tribunado presionó para que los nobles abandonaran su cargo de decenviros. Sus graves discrepancias con los patricios acabaron con el envío por parte de Apio Claudio de 25 hombres con la misión de matar al defensor de los plebeyos. A pesar de los sesenta años que ya tenía Dentato, solo diez de los veinticinco asesinos volvieron ilesos del enfrentamiento con el anciano. Estamos en el 449 a. C. y a pesar de que los patricios romanos le dieron un entierro con todos los honores de estado, tuvieron que presenciar cómo su gobierno era derrocado pocos meses después, por la plebe indignada.
La historia de Marco Manlio Capitolino es unos años posterior, pero con un desenlace parecido. Tras abandonar la causa de los patricios, a cuya clase pertenecía, se erigió en defensor de los plebeyos acosados por las deudas. El movimiento de protesta se tornó tan violento que se hizo necesario nombrar un dictador que ante los desórdenes provocados por Capitolino y su facción manda apresarle. La presión popular lleva al Senado a perdonarle en esta ocasión y a liberarle. Pero, al año siguiente, es decir en el 384 a.C., ante la persistencia del defensor del Capitolio en encabezar las revueltas de la plebe, es acusado por los tribunos de alta traición. Nuestro personaje fue juzgado y condenado a muerte por querer convertirse en un nuevo tirano de Roma, siendoarrojado desde la famosa Roca Tarpeya.
DENTATO Y CAPITOLINO. El inmerecido final que Roma dio a dos de sus mejores militares
Nuerte de Capitolino arrogado desde la piedra tarpeya.
El triste final de dos de los militares más gloriosos y laureados de la Historia de Roma da que pensar. ¿Tal vez se debió a que dos patricios tan brillantes y capaces eran molestos para el resto de sus iguales que nunca podrían igualarse a sus méritos?, ¿tal vez tantos premios y reconocimientos los hizo soberbios y odiosos al resto de patricios?, ¿O simplemente en estos dos casos Roma no fue una buena madre con dos de sus mejores hijos?

Dentado y Capitolino. El inmerecido final que Roma dio a dos de sus mejores militares” Federico Romero Díaz – Bellumartis Historia Militar

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